No me di cuenta cuando tu corazón
dejo de cabalgar desbocado
entre mis brazos
para dormir callado entre mis almohadas.
No note el quejido de tu tedio
ni el medio luto que nos
insinuaba su muerte.
Dejaste de mirarme el alma,
y comenzaste a verme con los ojos.
Empezaste a descubrir las pequeñas cosas,
comportamientos indebidos, desencantos,
risas ordinarias que no tiene
nada de extraordinarias.
Me empezaste a ver con desdén,
con tedio, sin alegrías.
El mar en calma lo transformaste
en tormenta;
levantaste olas y creaste distancias.
Me bajaste de la barca,
antes de llegar a la orilla.
Arturo Castillo.
jsf
A.B. (De los amores negados)
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