Al primer amor se le ama
con la ilusión del hoy y del mañana.
Se le visualiza como un amor de toda la vida.
Se le entrega con la ilusión de ser su todo,
y sin el ser nada.
Se le ama con el amor, el encanto,
con anhelo, con el corazón.
Pero al verdadero amor
se le ama como se merece amar,
como se merece amar a tu corazón.
Se le besa con el ansia
de retener el momento para siempre,
se le entrega con el gozo
de sentirse pleno, lleno, deseado,
de sentirse todo, completo.
Se le entrega siendo paz,
siendo infinito gozo.
Se desborda en pasión,
se infla de amor, de ilusión.
Se disfruta con la nostalgia por el ayer,
el gozo del hoy, y la ilusión del mañana.
Amar de verdad es aferrarse
como la esperanza se aferra a la vida,
como se adhiere a un sueño que se cumple,
que se disfruta y vive despierto.
El verdadero amor se le respira
como a sueño cumplido, anhelo vivido.
Con la ilusión de vivir plenamente dos.
Con la esperanza que acompaña en el camino.
Se disfruta como un sorbo de agua fresca y pura
después de haber probado hiel.
Revitaliza como el sol y la brisa del campo.
El verdadero amor
es vivir sueños plenos,
expectantes de futuros cercanos.
Son vivencias plenas,
dichas continuas.
Arturo Castillo.
jsf
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